Patatas Fritas Artesanas al Pimentón Ahumado
Disfruta de la combinación perfecta entre la tradición de la huerta y el alma de La Vera. Nuestras patatas se seleccionan cuidadosamente para ofrecerte un bocado premium, crujiente y lleno de historia.
El Toque Maestro: El pimentón de nuestra propia cosecha aporta un aroma ahumado natural, profundo y elegante que envuelve cada patata.
Fritura Artesanal: Elaboradas en aceite de girasol con una técnica que garantiza una textura ligera, muy crujiente y con el menor contenido de grasa posible.
Equilibrio Puro: Con el punto justo de sal para no eclipsar el sabor de la patata ni la complejidad del pimentón.
Formato: Bolsa de 140 g (ideal para compartir... o no).
EL ORIGEN: UN LEGADO TRANSATLÁNTICO
El Pimentón de la Vera es el fruto de un hito histórico: el descubrimiento de América. En 1493, Cristóbal Colón regresó de su primer viaje y eligió la planta del pimiento para agasajar a los Reyes Católicos en Guadalupe.
Décadas después, el cultivo llegó al Monasterio de Yuste, donde los monjes jerónimos crearon el primer pimentón europeo. Se dice que las primeras semillas americanas brotaron en el Sifón de las Monjas, un paraje natural entre Yuste y Villanueva de la Vera. Nuestra marca nace como un homenaje a ese instante, uniendo fidelidad a la tradición y una apuesta total por la calidad.
LA VERA: EL ESCENARIO PERFECTO
Protegida por la Sierra de Gredos, la comarca de La Vera goza de un microclima único de inviernos suaves y veranos secos. Cultivamos nuestros pimientos en las vegas del río Tiétar, regadas por las aguas puras de las gargantas de la sierra, manteniendo vivo el legado agrícola de generaciones.
TRADICIÓN ARTESANAL EN CINCO PASOS
Controlamos todo el proceso, desde la semilla hasta el molido, mediante métodos que nos hacen únicos:
Producción propia y limitada:
Procedente exclusivamente de nuestra finca y técnicas heredadas.
Recolección manual:
Seleccionamos, uno a uno, solo los frutos en su punto óptimo de madurez.
Ahumado y "rodeo":
Secamos el pimiento durante 15 días con humo de leña de encina.
Los volteamos o "rodeamos" manualmente para un secado lento y uniforme.
Pisado y despezonado:
Separamos el pedúnculo ("pezón") de la cáscara para garantizar un color intenso y un aroma puro, sin impurezas.
Molido en piedra: Utilizamos molinos centenarios para respetar la textura y el alma del producto tradicional.